‘Tourist go home’: debates y sandeces

La pintada en la iglesia de San Isidoro de Oviedo ‘Tourist go home’ (Turista vete a casa) demuestra que incluso la más evidente sandez puede encontrar imitadores. A diferencia de otras regiones, en Asturias ningún partido ha cometido aún el disparate de avalar con un discurso simplón y demagógico la campaña contra un sector que ha tenido mucho que ver en que los políticos puedan presumir de haber encontrado el camino para reducir el paro. La economía española se apoya cada vez más en los ingresos del turismo. El Gobierno prevé que 83 millones de personas lleguen este año a nuestro país atraídas por su naturaleza, el buen clima, la gastronomía, la cultura y la certeza de que serán bien recibidas. En Asturias, el sector turístico supone ya el 10% del PIB, pero aún tiene margen para crecer. De ello está convencido el ministro de Energía y Turismo, Álvaro Nadal, que canta las excelencias de la región donde él mismo ha decidido disfrutar de sus vacaciones. A su juicio, el Principado es un ejemplo de cómo «está avanzando y mejorando la oferta, aunque no sea un destino tradicional de sol y playa». Destaca además que nuestra región ha logrado seducir a turistas de un segmento «más cosmopolita y con mayor capacidad de gasto».
El récord de visitantes, que apenas iniciado agosto se da por descontado, ha traído consigo nuevas deliberaciones. Administraciones y empresarios debaten sobre la política de precios, la capacidad de mejorar la promoción e incluso sobre la posibilidad de regular los principales focos de atracción para evitar la indeseada saturación. Se habla del número de canoas que bajan el Sella durante el verano, de las colas para subir al Urriellu, del futuro del acceso a los Lagos de Covadonga y de la necesidad de mejorar los accesos y la seguridad en las playas. Polémicas algunas antiguas pero aparcadas durante los tiempos en los que la crisis hacía al sector conformarse con sobrevivir al verano. Discusiones importantes, sin duda, que mantenemos gracias a los turistas que cada año vienen al Principado a gastar su dinero. Nuestro principal reto es lograr que la mayoría de ellos vuelvan a su casa a regañadientes y con el deseo de regresar a Asturias. Para ello el turismo asturiano necesita trazar el camino que desea recorrer con la ambición y la seriedad que merecen los muchos que viven de él y los todavía más que entre millones de posibilidades eligen pasar aquí sus vacaciones.
El sector turístico se ha ganado el derecho a convertirse en una de las grandes preocupaciones de nuestros políticos, un desafío a su capacidad de proponer medidas que le garanticen continuar su crecimiento de forma rentable y sostenible. La dimensión que ha alcanzado permite incluso vincular otros sectores a su capacidad de generar riqueza. Sin ir más lejos, el prestigio que la gastronomía asturiana se ha ganado con no poco esfuerzo y talento permite vincular a ella el desarrollo de un sector agroalimentario con mayor potencial del que en ocasiones sabemos reconocerle. La importancia del turismo merece todas las discusiones oportunas para conseguir que quienes nos visitan se sientan cada vez más cómodos en una región que debe cuidar su patrimonio natural y cultural para asegurar la permanencia de su disfrute. No sobra el debate, únicamente quienes están dispuestos a decirle a un turista que se vuelva a casa, lo que además de mala educación demuestra la mezquindad de aquellos a quienes les trae sin cuidado arruinar a quien sea con tal de que el declive favorezca a sus intereses. Por fortuna, son muy pocos y el carácter de los asturianos nos hace casi inmunes a este tipo de majaderías.

PLANES TURÍSTICOS PARA ASTURIAS

El turismo asturiano despide su mejor verano desde el inicio de la crisis con la seguridad de que a final de año volverá a superar la simbólica cifra de dos millones de visitantes. La mayoría de las 14.000 empresas turísticas de la región cerrarán la temporada alta con el optimismo que dan los beneficios tras varios ejercicios de tribulaciones y números rojos. El sector que mejor ha resistido el azote de la recesión ha celebrado además este año el treinta aniversario de uno de sus grandes hitos, la puesta en marcha de un hotel en Taramundi que abrió las puertas de un turismo rural en el que Asturias nunca ha dejado de ser una referencia. Desde el pasado mes de enero, el Principado ha conmemorado la efeméride con diversas actividades. Bien está recordar los logros cuando el vértigo cotidiano debilita la memoria en tantas ocasiones y siempre que la celebración no se pierda en los derroteros del ensimismamiento por lo conseguido.
El turismo ha cambiado mucho en tres décadas durante las que ha dejado de tener un carácter complementario para consolidarse como un elemento esencial de la economía asturiana. La Asociación de Hostelería y Turismo en Asturias considera que este verano «ha cumplido las expectativas». El récord histórico de turistas que ha recibido España, más de setenta millones, ha llenado los hoteles del litoral y permitido que un buen número de viajeros encontrase en el norte una alternativa a la saturación de otros destinos. La percepción de la península como un ámbito de mayor seguridad que otros países europeos también ha favorecido este aumento de visitantes. Una situación coyuntural que ha contribuido a que todos los alojamientos turísticos de la región superasen el 90% de ocupación durante el mes de agosto. No obstante, la patronal turística prefiere afrontar el futuro con cautela y «evitar los mensajes triunfalistas».
A pesar de que las cifras invitan a la euforia, la sombra de la crisis aún se nota en un gasto que ha crecido de forma contenida, olvidadas las alegrías del pasado; la exigencia de calidad por parte de los clientes aumenta cada temporada; la competencia es ahora global y la estacionalización todavía supone el principal condicionante de muchos negocios para cuyos propietarios resulta más rentable cerrar cuando el invierno enfría la demanda. Con el objetivo de conjurar estos riesgos, la Consejería de Industria y las organizaciones empresariales han pactado un plan estratégico que aspira a encaminar la política regional en esta materia hasta 2020. La Administración asume la necesidad de promocionar los principales atractivos de la región: desde las rutas de montaña y las playas que han sustentado durante décadas las campañas del paraíso natural asturiano al patrimonio de una industria minera reconvertida en museo, de la oferta gastronómica a los deportes de riesgo, del camino de Santiago al turismo de congresos. Nada innovador, pero en todo ello Asturias tiene argumentos sobrados para competir. Los empresarios plantean además la urgencia de elaborar productos capaces de convencer a los turistas de que la visita merece la pena en cualquier época del año y planes de formación que permitan contar con profesionales cada vez más especializados. Nada descabellado. Al contrario, estas necesidades resultan evidentes. El plan solo parece requerir el presupuesto que marca la diferencia entre un museo y un aula, una colección de folletos y una campaña eficaz, una fotografía a un monumento y una visita guiada, una senda y una caleya. Pero tanto como el dinero, el turismo asturiano necesita la ambición suficiente para construir los hitos que conmemorar dentro de treinta años.