LAS DECISIONES DEL MINISTRO

El ministro de Fomento ha reconocido que el AVE no cruzará Pajares hasta 2021. Lo dijo en León al presentar la solución al fondo de saco en el que los asturianos viajamos 25 minutos hacia ninguna parte. Íñigo de la Serna espera poner fin a este sinsentido a finales de 2018. La prometida reducción de hora y media en el trayecto entre Gijón y Madrid aún tardará tres años más. Los trenes del siglo XXI llegarán a Asturias con dos décadas de retraso. Al ministro le han llovido las críticas desde el Principado. El Gobierno regional ha calificado de «revés mayúsculo» el nuevo calendario, Ciudadanos considera un «despropósito» una fecha que deja en papel mojado su acuerdo de investidura, Podemos opina que el Ejecutivo ha perdido «la legitimidad para hablar de plazos» y desde Izquierda Unida se ha pedido la declaración del titular de Fomento como «persona ‘non grata’». Unas reacciones que el ministro podía intuir. Aunque lleve 227 días en el cargo, De la Serna sabe que le toca recoger los platos rotos de una década de adjudicaciones deficientes, escasos presupuestos, proyectos indeterminados e infinidad de excusas. La ventaja del túnel para quienes le antecedieron fue que la oscuridad del trazado bajo tierra ocultó durante años una obra prácticamente paralizada. Solo el inexplicable tiempo consumido acabó por sacar a la luz la cruda realidad con la que le ha tocado lidiar.
De la Serna ha fijado la sexta fecha comprometida desde el Gobierno central para completar la variante. Sostiene que poner plazo a cada tarea pendiente es la mejor manera de garantizar el control de los trabajos y apela al pragmatismo. Por el momento, ha mandado a la papelera el proyecto del nuevo trazado entre Pola de Lena y Gijón. Está convencido de que las variantes que permitirían ahorrar unos pocos minutos más no justifican un gasto colosal y un irreparable impacto en el medio ambiente. Prefiere mejorar el tendido actual, adecuar las vías a los nuevos trenes y reducir las limitaciones de velocidad. Algo que se podía haber decidido antes y que la lógica parecía dictar, pero que nadie en su puesto se había atrevido a decir. Lo asumible de este planteamiento se ha notado en las pocas críticas que ha recibido de los políticos asturianos a pesar de dar carpetazo a una obra de 1.600 millones. En lo único que todos los partidos están de acuerdo es que lo realmente importante es finalizar la variante. Guste más o menos, el nuevo ministro ya tiene su propia hoja de ruta, marcada por el acuerdo presupuestario con Foro Asturias. Su responsabilidad será cumplir lo que ahora ha prometido otorgándose un margen de tiempo que agota la legislatura.
Aún le queda una gran decisión por anunciar: concretar su propuesta para evitar que el AVE llegue a la estación prefabricada de Gijón, una solución provisional que va camino de eternizarse. Íñigo de la Serna visitará la ciudad en breve para presentar su alternativa a un plan de vías concebido tan al calor de la burbuja inmobiliaria que de momento solo ha permitido acondicionar un parque a medias. La alcaldesa de Gijón le reclama compromisos concretos, como los asumidos «en su periplo por varias ciudades del Mediterráneo, el País Vasco y Santander». Carmen Moriyón está convencida de que si su partido no hace valer el acuerdo alcanzado con el Partido Popular, Gijón puede dar por perdida la estación que necesita. Tras su última reunión sobre el asunto, el ministro señaló estar sorprendido de que tras una década de debate los partidos aún no se hubieran puesto de acuerdo sobre la ubicación de la terminal. El Principado, socio del ministerio en el organismo que gestiona el proyecto, reniega del pacto suscrito por Fomento y la alcaldesa para llevar la estación junto al Museo del Ferrocarril. En el Pleno del Ayuntamiento de Gijón, los partidos de izquierda también sumaron sus votos para rechazar el traslado. El ministro tiene ante sí diversas opciones: esperar un consenso imposible, plantear el enésimo informe sobre la ubicación o apostar por su propia solución y aprobar la inversión que la haga factible sin condicionar su desarrollo a una quimérica operación urbanística ni a presupuestos que otras administraciones no están dispuestas a aportar. De todas ellas, solo una garantiza que Gijón tenga una estación al menos digna a la que poner un plazo creíble. Resulta tan evidente cuál es la única decisión plausible que no necesita explicaciones.

VARIANTE DE PAJARES: DEBATES Y PRETEXTOS

El 11 de febrero de 2004, el entonces ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos, plantaba en Lena una simbólica dovela que marcaba el inicio de la variante de Pajares. El objetivo de la que se definió como la obra de ingeniería «más ambiciosa de Europa» era que los asturianos pudiesen viajar en AVE de Gijón a Madrid en menos de tres horas. El Gobierno calculó entonces que se necesitarían seis años para excavar los túneles. Han pasado trece, se han invertido más de tres mil millones y los asturianos que viajan en tren a Madrid continúan padeciendo la extenuante escalada por la decimonónica rampa de Pajares. A partir de León, los pasajeros entran en el siglo XXI. La obra de la alta velocidad más lenta de España no ha dejado de encontrar dificultades: deficiencias en los proyectos, fugas de agua, deslizamientos de los taludes, discrepancias con las constructoras… Los sucesivos ministros se han encargado de detallarlas para justificar los retrasos y defender los recortes. Hasta el punto de que incluso la idea de perforar dos túneles y abrir solo uno fue aceptada por muchos con resignación. Aunque el problema nunca ha sido de ingeniería, sino de voluntad y, sobre todo, de dinero. Bajo el azote de la crisis, la obra ferroviaria más cara del país en una región con poco más de un millón de habitantes parecía un lujo. Algún político se atrevió a decir, eso sí desde Madrid, que tal vez nunca debía haberse iniciado.
Mientras los trabajos se ralentizaban hasta rozar la paralización, los partidos políticos han tenido mucho tiempo para debatir el equipamiento de los túneles. El PSOE ha defendido el ancho ibérico como la fórmula para compatibilizar el tráfico de pasajeros y mercancías. El Gobierno asturiano sostiene que solo este trazado permite amortizar la costosa inversión. El PP, que había prometido un AVE «como el que va a Sevilla», cambió su postura en 2013, cuando Ana Pastor optó por renunciar al ancho internacional. A pesar de ello, los populares firmaron con Foro un pacto para concurrir juntos a las elecciones generales en el que se recogía el compromiso de recuperar el diseño original. Un acuerdo que tal vez no habría tenido más consecuencias si no fuera por el hecho de que la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado puede depender del voto de Isidro Martínez Oblanca, el parlamentario de Foro integrado en la candidatura conjunta por Asturias. En ese contexto, el partido fundado por Cascos ha encontrado el momento para recordar al PP lo suscrito. La presidenta de Foro, Cristina Coto, remitió dos cartas a Mariano Rajoy advirtiéndole de que el AVE era condición innegociable para dar su apoyo a las cuentas. Y al presidente del Gobierno no le sobra ni un voto. Tras el ultimátum epistolar, Fomento varió su postura. No sin reticencias. El departamento que ahora dirige Íñigo de la Serna ha avisado de que el cambio conllevará «plazos más largos» y requerirá 145 millones adicionales para mantener y renovar la rampa de Pajares, por donde tendrían que circular las mercancías pesadas.
El Ejecutivo regional considera la decisión «un disparate, un error histórico y un mazazo al futuro económico de Asturias». La consejera de Infraestructuras, Belén Fernández, opina que Rajoy se ha rendido «a un capricho» y anuncia que está dispuesta a dar la batalla. Ha solicitado una entrevista con el titular de Fomento para expresarle la indignación del Ejecutivo y su preocupación por el impacto que supondrá para la industria asturiana que las mercancías tengan que subir por el puerto, a su juicio, «un despilfarro». En cambio, Francisco Álvarez-Cascos está convencido de que la intervención de su partido ha librado a los asturianos de una histórica discriminación, al lograr que el AVE cruce la variante y puedan viajar en los mismos trenes que los andaluces o los catalanes.
No es malo que los partidos debatan sobre la variante, lo negativo para la región ha sido que desde los años ochenta no han logrado ponerse de acuerdo ni siquiera en la urgencia de terminarla. En ese tiempo, otras autonomías han afrontado discusiones similares, acabado las obras y cabe suponer que mejorado el transporte porque no se han quejado de que sus ciudadanos viajen en trenes de alta velocidad. En el caso de Asturias, la polémica ha servido con frecuencia de parapeto al ministro de turno. En los tres últimos años, la empresa adjudicataria de la vía en la vertiente asturiana no ha puesto ni una sola dovela e incluso ha pedido al ministerio la rescisión del contrato porque considera imposible su cumplimiento. El anuncio de abrir antes un solo túnel no sirvió para agilizar las obras. La modificación del proyecto hace cuatro años, tampoco. La fecha en la que los asturianos dejaremos de viajar a Madrid en segunda clase dependerá más del dinero que el Gobierno esté dispuesto a gastarse que de ninguna otra cosa. Lo demás, son pretextos.

LA VERDAD ESTÁ EN EL PRESUPUESTO

La empresa contratada para colocar la vía en la vertiente asturiana de la variante de Pajares ha solicitado por tercera vez la rescisión del contrato. Dragados reclama al Ministerio de Fomento 2,2 millones de indemnización, casi el 24% del coste de una obra que ni siquiera ha llegado a iniciar. Es el resultado de una adjudicación ‘a la española’ en la que la Administración y los contratistas acuerdan la ejecución de un proyecto por un presupuesto insuficiente, calculado más con la intención de ganar el concurso que de realizar las obras y la convicción de la empresa de que los modificados permitirán financiar los trabajos y obtener el margen de beneficio deseado. El peculiar sistema ibérico de contratación convierte cada obra en un pulso entre Fomento y las empresas, de modo que los tajos avanzan al ritmo de las sucesivas inyecciones de fondos. Si el regateo no termina en un acuerdo, la obra encalla. En el caso de la variante de Pajares, el tendido de vía fue adjudicado en 2014 con una rebaja del 51,4%. Desde entonces no se ha colocado ni una sola traviesa. Primero, porque el retraso de otros trabajos impedía su inicio. Ahora, porque la empresa considera que resulta imposible cumplir lo estipulado con el presupuesto que aceptó. El ministro Íñigo de la Serna se ve obligado a decidir si asume el modificado propuesto por Dragados o rescinde el contrato e inicia una nueva licitación. En cualquier caso, el compromiso del Gobierno de abrir al menos uno de los túneles este año se sumará a la larga lista de incumplimientos con los que se ha escrito la historia de la variante.
Mientras las traviesas se orean en Los Pontones a la espera de la resolución ministerial, el Principado ha presentado un pacto por las infraestructuras «que Asturias necesita». Veinte entidades, incluidos los empresarios y los sindicatos, lo han suscrito. De los partidos de la oposición, solo IU. La negociación abierta por la consejera de Infraestructuras no logró sumar al PP, que ha calificado el documento de «papel mojado»; ni a Foro, que reclama garantías de que el tren que cruce Pajares sea un AVE y la futura estación de Gijón ocupe el emplazamiento pactado por la ministra Ana Pastor y el Ayuntamiento; ni a Podemos, que acusa al ministerio de estar en manos del «cártel del hormigón»; ni siquiera a Ciudadanos, que se agarra al acuerdo de gobierno suscrito con Mariano Rajoy para reclamar que la variante esté terminada este año. Y aunque no lo dicen, lo que piensan todos ellos es que no están dispuestos a rubricar un texto que consideran una traslación del programa del PSOE y las prioridades del Ejecutivo. Ante esta situación, el presidente del Principado optó por liderar la presentación del documento, que defendió con una apelación a «lo que es de justicia».
Queda por ver la respuesta del ministro de Fomento, obligado a decidir entre lo que propugna el Gobierno asturiano, lo que reclaman sus socios electorales, lo que exige el partido que abrió la puerta a Rajoy para la investidura y lo que aconsejan los técnicos de su departamento. Aunque sobre todo, su resolución estará condicionada por un presupuesto con el que debe afrontar los compromisos pendientes y los recién adquiridos con otras regiones. En la España de las autonomías, cada cual barre para su casa y hace valer su peso en la política nacional. El dinero se reparte hasta donde alcanza. En los últimos años, a Asturias le ha llegado con cuentagotas y lo aprobado para la variante ni siquiera ha llegado a gastarse. Los sucesivos ministros han culpado a las filtraciones de agua, a la inestabilidad de los taludes, a la elaboración de los proyectos y, por supuesto, al empedrado del legado recibido. Lo cierto es que la alta velocidad avanza al ritmo de la voluntad expresada en los presupuestos. Es en la página de inversiones donde los ministros dicen de verdad lo que piensan.